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Metacognición: La habilidad de “aprender cómo aprendemos”

La investigadora Valeska Grau entrega claves sobre cómo los profesores pueden utilizar este recurso para que sus alumnos logren aprendizajes significativos en forma autónoma, autorregulada y en colaboración con sus pares.

¿Son capaces los niños de tener aprendizajes significativos en el colegio y darse cuenta de eso?¿Pueden ser mejores estudiantes al tener una mayor conciencia respecto a cómo adquieren los conocimientos?

Las últimas investigaciones sobre el fenómeno de la Metacognición establecen que sí.
Descrito por J. H. Flavell, especialista en psicología cognitiva, en los años 70, este fenómeno ha sido definido como la forma en la que se comprenden los procesos cognitivos y aprendizajes. Es decir, la capacidad que tienen las personas de darse cuenta de que aprenden.

Se ha establecido que través de la Metacognición se puede comprender y autorregular el aprendizaje, planificar la forma en la que aprenderemos y evaluar si ese proceso fue satisfactorio o no. Pero, ¿cómo pueden los profesores utilizar este recurso para ayudar a sus alumnos a adquirir conocimientos de mejor forma y tener una educación más eficiente?

Valeska Grau, Psicóloga y Doctora en Educación de la Universidad de Cambridge, se ha especializado en investigar el trabajo colaborativo y los procesos psicológicos involucrados en el aprendizaje escolar, tratando de buscar puentes entre sicología y educación y cómo llevar a la práctica en la sala de clases los descubrimientos que se han hecho en esta materia.

“Cuando hablamos de Metacognición nos referimos al conocimiento de uno mismo como aprendiz, a las habilidades, a las distintas estrategias de aprendizaje que utilizas si tienes que estudiar matemáticas o ciencias, por ejemplo. Es un proceso dinámico, mientras vas sabiendo más de ti como aprendiz, lo vas enriqueciendo”, explica.

-¿Es como darte cuenta de que aprendes?
-Algo así. Se ha hablado bastante de las experiencias metacognitivas y se ha visto que estos podrían ser procesos inconscientes. Tiene que ver con fenómenos como por ejemplo, la sensación de que sabes algo pero no lo puedes recordar. El clásico: lo tengo en la punta de la lengua… o también darte cuenta de que algo está siendo más complicado de aprender de lo que pensabas. Pero también va más allá.

Existe otra faceta de la metacognición: la regulación metacognitiva, que es lo que cada persona hace cuando se ve enfrentada a una tarea. Tiene que ver con habilidades de planificación, de monitoreo de los procesos de aprendizaje, de aplicación de estrategias de regulación o control. O sea, lo que haces cuando te das cuenta de que no estás entendiendo algo o las estrategias que ocupas para poder aprender.

-¿Qué otros elementos están involucrados con la Metacognición?
-Hay conceptos que se cruzan con ella cuando la aplicamos en la practica de la educación, como la motivación, los afectos, que están fuera de la cognición propiamente tal. Por ejemplo, hay alumnos que son muy estratégicos, que saben planificar bien y les va mal en el colegio. ¿Por qué? Tiene que ver con la motivación y emoción, y con el concepto de auto regulación del aprendizaje, con la capacidad del aprendiz de regular sus propios procesos, considerando aspectos motivacionales, afectivos y cognitivos.

-¿Cuáles son las claves de la Metacognición para el trabajo en sala?
-Primero, las estrategias motivacionales, que se relacionan con el desarrollo de la autonomía y autorregulación, con la capacidad del aprendiz de ser dueño de su propio proceso de aprendizaje. Es importante fomentar la motivación intrínseca para el aprendizaje. Esto se relaciona con tener metas de aprendizaje más que de desempeño: más que la nota, es más importante aprender, sobre todo en los primeros años. Los profesores tienen que orientarse a la maravilla del aprendizaje y conectarse con las motivaciones que los niños traen a la sala de clase.

Segundo, desarrollo cognitivo, que se logra a medida que los profesores monitorean con sus alumnos cómo van desarrollando su proceso de aprendizaje, ya sea en forma individual o colectiva. Les pueden preguntar: ‘qué sabemos de esto, cómo aprendimos esto otro’. Y que los niños argumenten, hagan hipótesis e inferencias. Así van a entender si lo hicieron bien o mal y aprender a monitorear su propio aprendizaje.

Tercero, es crucial el manejo del error: Si el docente pregunta algo y no recibe la respuesta que esperaba de sus estudiantes, debe consultar por qué y ayudarlos a que elaboren colectivamente la que es correcta. Así el niño sabe por qué se equivocó y como puede mejorarlo. Ese proceso no se olvida y va generando aprendices competentes.

Y por último, proveer un adecuado nivel de desafío académico. Si a un niño se le pone un problema muy fácil, no se va a llevar a cabo la colaboración, ni va a haber metacognición. La idea es generar actividades que hagan pensar a los estudiantes, que no tengan que dar respuestas obvias, de manera que les implique reflexionar sobre cómo resolverlo e interactuar, poniendo sus ideas en común con otros para eso.

-¿Cuál es la relación entre Metacognición y Colaboración?
-Cada sala de clases es única, al igual que los niños que la componen. Por eso es vital que el profesor pueda imprimir un sello más metacognitivo que fomente la colaboración. Eso le da autonomía a los estudiantes y permite que resuelvan los problemas en forma independiente.
Para tener una clase colaborativa los profesores deben dar la posibilidad a los estudiantes de tener actividades grupales, interactuar entre sí y desarrollar la capacidad de elaborar constructivamente considerando la opinión de los demás. Así se fomenta la metacognición y, por consiguiente, el aprendizaje.

-¿Y cómo es una clase colaborativa, que actividades considera?
-Para que los niños colaboren es importante tener logradas desde antes otras habilidades básicas: una buena convivencia escolar, el respeto por el otro, el aprender a escuchar las opiniones del otro y que eso sea validado y respetado, antes de ponerlos a trabajar juntos. Si no tienes eso, no van a tener ningún aprendizaje. Todo eso va a ir sumando y siendo sinérgico.

No significa que tenemos que hacer colaboración en todas las clases, pero sí que se puede fomentar las habilidades que están en la base de la colaboración productiva.

¿Y cuáles son esas habilidades?
Las socioemocionales (respeto por el otro, poder opinar), las lingüísticas (pedir argumento y hacer diálogos productivos) y de regulación metacognitiva, es decir, si eres capaz de hablar de tus procesos de pensamiento, de ponerlo en palabras frente a los otros y generar otro tipo de discusión. Si no sabes hablar metacognitivamente (decir: yo pienso, yo creo, pienso esto pero no estoy seguro) hay menos posibilidades de que se genere la colaboración.

Y eso es lo que los docentes deben fomentar, porque la colaboración se tiende a ocupar poco. Generalmente lo que se hace en las clases chilenas es que está el profesor adelante enseñando y los niños trabajan individualmente. Es importante que hayan distintas instancias de interacción en la sala de clases: el profesor con toda la clase, con un alumno o un pequeño grupo, conversaciones en grupos o entre pares. No siempre debe interactuar con todos los alumnos porque siempre va a haber algunos que no presten atención.

-¿Entonces también es importante que el profesor haga trabajar en grupo a sus alumnos?
– El recurso de los pares es fundamental para que este sistema de sala de clase masiva funcione. Darle autonomía a los estudiantes permite también que reconozcan al par como alguien de quien pueden aprender. Nos llegan alumnos a la universidad que dicen: ‘yo vengo escucharlo a usted, profesor, porque es el que sabe, no me interesa lo que dice mi compañero’. Y eso tiene que ver con la concepción que tenemos del aprendizaje: que es la transmisión de alguien que sabe a otro que no, cuando lo que en realidad ocurre es que éste se construye con otro. Todo puede ser una fuente de aprendizaje y cuando estoy trabajando con mis compañeros no es momento de desorden, sino que puedo aprender.

¿Colaboración y cooperación son lo mismo?
Hay autores que hacen la distinción, hablando del aprendizaje cooperativo como programas de actividades que están altamente estructurados y guiados por los profesores. El aprendizaje colaborativo, en cambio, está pensado para que los niños construyan conocimiento común o resuelvan un problema en conjunto, y lo que importa es el proceso, cómo lo hacen. Acá el profesor no está encima, sólo es un guía que les da autonomía para resolver el problema planteado.

¿Son capaces los niños de tener aprendizajes significativos en el colegio y darse cuenta de eso?¿Pueden ser mejores estudiantes al tener una mayor conciencia respecto a cómo adquieren los conocimientos?

Las últimas investigaciones sobre el fenómeno de la Metacognición establecen que sí.
Descrito por J. H. Flavell, especialista en psicología cognitiva, en los años 70, este fenómeno ha sido definido como la forma en la que se comprenden los procesos cognitivos y aprendizajes. Es decir, la capacidad que tienen las personas de darse cuenta de que aprenden.

Se ha establecido que través de la Metacognición se puede comprender y autorregular el aprendizaje, planificar la forma en la que aprenderemos y evaluar si ese proceso fue satisfactorio o no. Pero, ¿cómo pueden los profesores utilizar este recurso para ayudar a sus alumnos a adquirir conocimientos de mejor forma y tener una educación más eficiente?

Valeska Grau, Psicóloga y Doctora en Educación de la Universidad de Cambridge, se ha especializado en investigar el trabajo colaborativo y los procesos psicológicos involucrados en el aprendizaje escolar, tratando de buscar puentes entre sicología y educación y cómo llevar a la práctica en la sala de clases los descubrimientos que se han hecho en esta materia.

“Cuando hablamos de Metacognición nos referimos al conocimiento de uno mismo como aprendiz, a las habilidades, a las distintas estrategias de aprendizaje que utilizas si tienes que estudiar matemáticas o ciencias, por ejemplo. Es un proceso dinámico, mientras vas sabiendo más de ti como aprendiz, lo vas enriqueciendo”, explica.

-¿Es como darte cuenta de que aprendes?
-Algo así. Se ha hablado bastante de las experiencias metacognitivas y se ha visto que estos podrían ser procesos inconscientes. Tiene que ver con fenómenos como por ejemplo, la sensación de que sabes algo pero no lo puedes recordar. El clásico: lo tengo en la punta de la lengua… o también darte cuenta de que algo está siendo más complicado de aprender de lo que pensabas. Pero también va más allá.

Existe otra faceta de la metacognición: la regulación metacognitiva, que es lo que cada persona hace cuando se ve enfrentada a una tarea. Tiene que ver con habilidades de planificación, de monitoreo de los procesos de aprendizaje, de aplicación de estrategias de regulación o control. O sea, lo que haces cuando te das cuenta de que no estás entendiendo algo o las estrategias que ocupas para poder aprender.

-¿Qué otros elementos están involucrados con la Metacognición?
-Hay conceptos que se cruzan con ella cuando la aplicamos en la practica de la educación, como la motivación, los afectos, que están fuera de la cognición propiamente tal. Por ejemplo, hay alumnos que son muy estratégicos, que saben planificar bien y les va mal en el colegio. ¿Por qué? Tiene que ver con la motivación y emoción, y con el concepto de auto regulación del aprendizaje, con la capacidad del aprendiz de regular sus propios procesos, considerando aspectos motivacionales, afectivos y cognitivos.

-¿Cuáles son las claves de la Metacognición para el trabajo en sala?
-Primero, las estrategias motivacionales, que se relacionan con el desarrollo de la autonomía y autorregulación, con la capacidad del aprendiz de ser dueño de su propio proceso de aprendizaje. Es importante fomentar la motivación intrínseca para el aprendizaje. Esto se relaciona con tener metas de aprendizaje más que de desempeño: más que la nota, es más importante aprender, sobre todo en los primeros años. Los profesores tienen que orientarse a la maravilla del aprendizaje y conectarse con las motivaciones que los niños traen a la sala de clase.

Segundo, desarrollo cognitivo, que se logra a medida que los profesores monitorean con sus alumnos cómo van desarrollando su proceso de aprendizaje, ya sea en forma individual o colectiva. Les pueden preguntar: ‘qué sabemos de esto, cómo aprendimos esto otro’. Y que los niños argumenten, hagan hipótesis e inferencias. Así van a entender si lo hicieron bien o mal y aprender a monitorear su propio aprendizaje.

Tercero, es crucial el manejo del error: Si el docente pregunta algo y no recibe la respuesta que esperaba de sus estudiantes, debe consultar por qué y ayudarlos a que elaboren colectivamente la que es correcta. Así el niño sabe por qué se equivocó y como puede mejorarlo. Ese proceso no se olvida y va generando aprendices competentes.

Y por último, proveer un adecuado nivel de desafío académico. Si a un niño se le pone un problema muy fácil, no se va a llevar a cabo la colaboración, ni va a haber metacognición. La idea es generar actividades que hagan pensar a los estudiantes, que no tengan que dar respuestas obvias, de manera que les implique reflexionar sobre cómo resolverlo e interactuar, poniendo sus ideas en común con otros para eso.

-¿Cuál es la relación entre Metacognición y Colaboración?
-Cada sala de clases es única, al igual que los niños que la componen. Por eso es vital que el profesor pueda imprimir un sello más metacognitivo que fomente la colaboración. Eso le da autonomía a los estudiantes y permite que resuelvan los problemas en forma independiente.
Para tener una clase colaborativa los profesores deben dar la posibilidad a los estudiantes de tener actividades grupales, interactuar entre sí y desarrollar la capacidad de elaborar constructivamente considerando la opinión de los demás. Así se fomenta la metacognición y, por consiguiente, el aprendizaje.

-¿Y cómo es una clase colaborativa, que actividades considera?
-Para que los niños colaboren es importante tener logradas desde antes otras habilidades básicas: una buena convivencia escolar, el respeto por el otro, el aprender a escuchar las opiniones del otro y que eso sea validado y respetado, antes de ponerlos a trabajar juntos. Si no tienes eso, no van a tener ningún aprendizaje. Todo eso va a ir sumando y siendo sinérgico.

No significa que tenemos que hacer colaboración en todas las clases, pero sí que se puede fomentar las habilidades que están en la base de la colaboración productiva.

¿Y cuáles son esas habilidades?
Las socioemocionales (respeto por el otro, poder opinar), las lingüísticas (pedir argumento y hacer diálogos productivos) y de regulación metacognitiva, es decir, si eres capaz de hablar de tus procesos de pensamiento, de ponerlo en palabras frente a los otros y generar otro tipo de discusión. Si no sabes hablar metacognitivamente (decir: yo pienso, yo creo, pienso esto pero no estoy seguro) hay menos posibilidades de que se genere la colaboración.

Y eso es lo que los docentes deben fomentar, porque la colaboración se tiende a ocupar poco. Generalmente lo que se hace en las clases chilenas es que está el profesor adelante enseñando y los niños trabajan individualmente. Es importante que hayan distintas instancias de interacción en la sala de clases: el profesor con toda la clase, con un alumno o un pequeño grupo, conversaciones en grupos o entre pares. No siempre debe interactuar con todos los alumnos porque siempre va a haber algunos que no presten atención.

-¿Entonces también es importante que el profesor haga trabajar en grupo a sus alumnos?
– El recurso de los pares es fundamental para que este sistema de sala de clase masiva funcione. Darle autonomía a los estudiantes permite también que reconozcan al par como alguien de quien pueden aprender. Nos llegan alumnos a la universidad que dicen: ‘yo vengo escucharlo a usted, profesor, porque es el que sabe, no me interesa lo que dice mi compañero’. Y eso tiene que ver con la concepción que tenemos del aprendizaje: que es la transmisión de alguien que sabe a otro que no, cuando lo que en realidad ocurre es que éste se construye con otro. Todo puede ser una fuente de aprendizaje y cuando estoy trabajando con mis compañeros no es momento de desorden, sino que puedo aprender.

¿Colaboración y cooperación son lo mismo?
Hay autores que hacen la distinción, hablando del aprendizaje cooperativo como programas de actividades que están altamente estructurados y guiados por los profesores. El aprendizaje colaborativo, en cambio, está pensado para que los niños construyan conocimiento común o resuelvan un problema en conjunto, y lo que importa es el proceso, cómo lo hacen. Acá el profesor no está encima, sólo es un guía que les da autonomía para resolver el problema planteado.



Categoría: Artículos, Metacognición
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